En «Panorama de narrativas»,
A. M. Homes, una de las más corrosivas y arriesgadas narradoras contemporáneas, lleva a cabo en
La hija de la amante una apasionante investigación a partir de la revelación tardía de ser una hija adoptiva. Con
Los anillos de Saturno, «el libro que todos los escritores desean escribir» (R. Silman), proseguimos con la recuperación de las obras del gran
W. G. Sebald. En cuanto a
Martin Suter, el autor de
Lila, Lila, nos sumerge con
El diablo de Milán en una narración inquietante, narrada con eficaz ironía, que debería conseguirle los lectores que merece (y que tiene en muchos otros países). En un año hemos recuperado los tres primeros libros de
Nick Hornby, un autor que tiene un número creciente de lectores que lo siguen apasionadamente: después de
Fiebre en las gradas y
Alta fidelidad, ahora es el turno de
Un gran chico, una novela tan aguda como divertida. El finlandés
Arto Paasilinna, con su humor desopilante, también se está convirtiendo, especialmente después de
Delicioso suicidio en grupo, en un autor de culto en nuestro país; culto que posiblemente aumentará con
La dulce envenenadora, una de sus novelas más celebradas.
Yo, Fatty, de
Jerry Stahl, relata el primer gran escándalo sexual y criminal de Hollywood, desde la perspectiva del propio Fatty Arbuckle, un actor cómico genial que en su día fue más popular que el mismísimo Chaplin: «¡Adoro este libro!» exclamó Johny Depp, un gran actor con muchas lecturas.