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ISBN978-84-339-1128-5
EAN9788433911285
PVP CON IVA7.20 €
NÚM. DE PÁGINAS116
COLECCIÓNPanorama de narrativas
CÓDIGOPN 207
TRADUCCIÓNEnrique Murillo
PUBLICACIÓN01/12/1990
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El crucero de la Chatarra Rodante

Tres son los personajes de este libro: un hombre, una mujer y un automóvil. Él es Francis Scott Fitzgerald, un escritor de talento cuya primera novela, A este lado del paraíso, acaba de convertirse en un bestseller. Ella es Zelda, su joven esposa, una flapper encantadora e imprevisible, con melena corta y pantalones de golf. Y el automóvil —auténtico protagonista del relato— es un viejo coupé deportivo de la marca Expenso, un Marmon 1917 de segunda mano al que sus dueños, por razones que al lector se le harán obvias, llaman la Chatarra Rodante.

Una mañana de julio de 1920, los tres parten desde Wesport, Connecticut, rumbo a Montgomery, en el estado sureño de Alabama, donde viven los padres de Zelda. Se inicia así una descabellada travesía a lo largo de toda la Costa Este en la que, entre numerosos incidentes, averías, reventones, carreteras inundadas y hoteleros recalcitrantes, Zelda y Scott se lanzan a recorrer, al traqueteante ritmo de su Expenso, los casi dos mil kilómetros que los separan de la ciudad en que se conocieron.

Escrito en 1922, durante la época dorada de Scott Fitzgerald, El crucero de la Chatarra Rodante es una de esas «obras menores» en las que suenan las notas más felices de un autor. Peregrinaje sentimental a la vez que documento de una época, el relato es todo un compendio de mitos americanos —la carretera, el automóvil, el viaje en su versión más yankee, el choque entre ciudad y provincia, entre el Norte y el Sur— y anticipa modernísimamente algunos rasgos de la aventura «en el camino» que décadas más tarde haría suya la generación beat, con Kerouac al frente.

Escrito en un estilo «humorístico de punta a cabo», El crucero de la Chatarra Rodante participa de la euforia de la Era del Jazz, pero es atravesado también por un soplo melancólico, asociado aquí a la búsqueda de un mundo incontaminado perdido para siempre: «Ser joven, viajar rumbo a las lejanas colinas, ir hacia el lugar en donde la felicidad colgaba de las ramas, como un anillo que atrapar, como una luminosa guirnalda que conquistar... Todavía era algo que se podía hacer, pensábamos nosotros, un refugio contra la monotonía y las lágrimas y la desilusión propias del mundo estacionario».

El crucero de la Chatarra Rodante, que apareció en un día en la revista norteamericana Motor, fue redescubierto recientemente por la exquisita editorial italiana Sellerio, experta en rastrear rarezas literarias.

«Todo el relato, ritmado con diálogos cáusticos e hilarantes, es centelleante, sonriente... Las aventuras a las que La Chatarra Rodante arrastra a los dos jóvenes son irresistiblemente divertidas.» (Laura Lilli)

«Fitzgerald es romántico, pero también cínico con lo romántico; es tan amargo como extático, tan cáustico como lírico. Se coloca a sí mismo con el papel del playboy, pero se burla constantemente de playboy. Es vanidoso, bastante mordaz, vivo de inteligencia y alma, y posee un don irlandés para hacer del lenguaje algo iridiscente y sorprendente.» (Edmund Wilson)

 


Fitzgerald, F. Scott


Francis Scott Fitzgerald (St. Paul, Minnesota, 1896–Hollywood, California, 1940) estudió en la Universidad de Princeton, se alistó en el ejército durante la Primera Guerra Mundial y publicó su primera novela, A este lado del paraíso, en 1920. Ese mismo año se casó con Zelda Sayre, y durante la década siguiente la pareja repartió su tiempo entre Nueva York, París y la Riviera. Fitzgerald fue una voz literaria nueva de gran importancia, y entre sus obras maestras se cuen­tan sus relatos, El gran Gatsby y Suave es la noche. Murió a los cuarenta y cuatro años de un ataque al corazón en Los Ángeles mientras trabajaba en El último magnate. La narrativa de Fitzgerald le ha granjea­do su fama como uno de los escritores americanos más importantes y queridos del siglo XX. En Anagra­ma se han publicado El crucero de la Chatarra Rodan­te, Historias de Pat Hobby, El último magnate y El Crack-Up.

Foto © The Fitzgerald Papers, Manuscripts Division, Department of Rare Books and Special Collections, Princeton University Library.



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