Un autorretrato sin máscaras y la «cantera» de la que se alimentarían «vorazmente» los libros de Pitol.
Con edición y prólogo de Ignacio Echevarría.
En marzo de 1968, en vísperas de viajar a Belgrado como agregado cultural de su país, Sergio Pitol inició un diario. El hábito de llevarlo, convertido pronto en adicción, es el hilo que enhebra las más de dos décadas en las que residió en diferentes ciudades de Europa, haciendo carrera como diplomático a la vez que buscaba su camino como escritor. Con el tiempo, el diario se convertiría en la «cantera» de la que se alimentarían «vorazmente» sus libros.
Escrito durante muchos años sin perspectiva alguna de darlo a la luz, el diario sirve a Pitol de confidente de asuntos íntimos que prefiere que no se hagan públicos en vida, pero sí póstumamente. Sin duda es este aspecto uno de los más reveladores de una personalidad tímida y reservada que, bajo su aspecto amable, ocultaba un exigente anhelo de integridad y felicidad. Una felicidad que obtiene de la amistad, de la pasión viajera y de su inveterada afición a la música, el cine, el teatro y, sobre todo, la literatura.
Este primer volumen recorre doce años de un nomadismo incansable por ciudades como Varsovia, Budapest, París o Moscú. A través de sus páginas asistimos no solo a la formación de una de las voces más singulares de la literatura hispánica, sino también a un autorretrato sin máscaras. Particular interés guarda el testimonio de la crepitante vida intelectual de la Barcelona de la Gauche Divine, convertida en capital del boom latinoamericano y animadora de los aires de apertura que pujaban por abrirse paso en la España del tardofranquismo. Y, más ampliamente, la observación crítica de las expectativas y tensiones que sacudieron el mundo occidental entre los años sesenta y ochenta.
«Para Pitol, la forma que llega a crear un escritor es el resultado de toda su vida: la infancia, toda clase de experiencias, los libros preferidos, la constante intuición… Me parece el maestro perfecto» (Enrique Vila-Matas, prólogo a Los mejores cuentos).
«El escritor que se traslada, ya lo sabía Pessoa, pierde países y gana una patria duradera, el sitio al que vuelve en todas sus fugas, la invención literaria» (Juan Villoro, «Sergio Pitol con pasaporte negro»).
«Siempre se lee a Pitol con una admirada sonrisa mientras nos lleva de aquí para allá, por Barcelona, Varsovia, Moscú, Pekín o Barcelona… Las ciudades ordenándose como libros en una biblioteca muy personal pero, también, tan generosa» (Rodrigo Fresán, «Los papeles de Pitol»).
«Sergio nos comunicó su placer de narrar, nos hizo ver que escribir es engarzar reflejos, nos explicó que su prosa es una trenza de hilos, un tejido de asociaciones y reflexiones, un surtidero de imágenes» (Elena Poniatowska, El País).
«Pitol se mantuvo siempre un poco más allá, tanto en su producción, que en México no tiene par y que en el ámbito de la lengua española solo es parangonable a la de muy pocos, como en sus hábitos lectores» (Roberto Bolaño, Entre paréntesis).
«Todos veneran a Sergio Pitol, toda una vida guiada por la literatura» (Jorge Herralde, Por orden alfabético).
Sinopsis
Con edición y prólogo de Ignacio Echevarría.
En marzo de 1968, en vísperas de viajar a Belgrado como agregado cultural de su país, Sergio Pitol inició un diario. El hábito de llevarlo, convertido pronto en adicción, es el hilo que enhebra las más de dos décadas en las que residió en diferentes ciudades de Europa, haciendo carrera como diplomático a la vez que buscaba su camino como escritor. Con el tiempo, el diario se convertiría en la «cantera» de la que se alimentarían «vorazmente» sus libros.
Escrito durante muchos años sin perspectiva alguna de darlo a la luz, el diario sirve a Pitol de confidente de asuntos íntimos que prefiere que no se hagan públicos en vida, pero sí póstumamente. Sin duda es este aspecto uno de los más reveladores de una personalidad tímida y reservada que, bajo su aspecto amable, ocultaba un exigente anhelo de integridad y felicidad. Una felicidad que obtiene de la amistad, de la pasión viajera y de su inveterada afición a la música, el cine, el teatro y, sobre todo, la literatura.
Este primer volumen recorre doce años de un nomadismo incansable por ciudades como Varsovia, Budapest, París o Moscú. A través de sus páginas asistimos no solo a la formación de una de las voces más singulares de la literatura hispánica, sino también a un autorretrato sin máscaras. Particular interés guarda el testimonio de la crepitante vida intelectual de la Barcelona de la Gauche Divine, convertida en capital del boom latinoamericano y animadora de los aires de apertura que pujaban por abrirse paso en la España del tardofranquismo. Y, más ampliamente, la observación crítica de las expectativas y tensiones que sacudieron el mundo occidental entre los años sesenta y ochenta.