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¿Qué es tu exnovia?
Escribí mi primera novela para poner en palabras una serie de sentimientos y que así una persona pudiera saber que estos habían existido y que yo los había sentido. Pero la persona, antes de la publicación del libro, se murió, y yo me sentí un completo idiota.
¡Adelante, Cronófobos! fue mi intento por conservar una serie de cosas que había perdido pero sin las que, creía entonces, no podía seguir viviendo. Pero sí que pude, y aquí estoy.
Esto no es nuevo: en mi familia hemos tenido siempre una gran afición por la taxidermia literal y metafórica. Y de esto trata la novela.
Mi hermana, Amanda, es una de sus protagonistas. Su debut tuvo lugar en 1999.
Bolita murió: poco se pudo hacer. A los seis años la niña celebraba, guiada por algunos adultos, su primer enterramiento. El hámster pasó a descansar en la caja minúscula de un reloj-despertador pobremente escondida en algún punto ciego del Retiro. Pero cuando la niña volvió a casa, sintió que algo no andaba bien.
Después de un puñado de días de comidas más o menos favoritas y preguntas y reminiscencias del difunto, volvieron a ponerle ante los ojos un asqueroso plato de acelgas, y de Bolita pasó a hablarse de José María Aznar y del fin del Mundo. La niña, disgustadísima, juró furiosa y públicamente que –ya que los demás no movían un pelo– iba a apuntar cada día del resto de su vida que pasaba sin su amigo, su primer amigo. Y cumplió; durante un tiempo…
Pero este pensar en él por lo menos una vez al día sabía a poco, y una tarde fue a dar una vuelta por el Retiro por su cuenta al salir del cole.
La ladrona de cadáveres metió el medio esqueleto en un plastiquito no muy aislante y dejó la minúscula caja del reloj-despertador en su sitio como un cenotafio. El cuaderno lavanda de fechas tachadas, mientras, seguía su curso; si para despistar, o porque esta nueva compañía no resultaba del todo satisfactoria –si porque este nuevo estar con Bolita no podía llamarse estar con Bolita–, eso ya no se sabe. La niña llevó al muerto consigo durante un tiempo, como quien guarda literalmente un secreto. Había sido nuestro Abuelo, exescafandrista amateur, quien la había iniciado en los misterios de la conservación, que razonablemente la llevaron a la escultura.
Yo, por mi parte, descubrí rápido que la momificación física no era lo mío, y me tocó buscar nuevas formas más sutiles y propias de permanencia. Con escasa fortuna, traté de ser escritor.
Pero entonces yo creía que los libros sinceros se escribían para que los leyesen uno o dos humanos como mucho; para que te quisieran un par de personas que valían, como por inducción, por la Humanidad completa. Escribí mi primera novela para poner en palabras una serie de sentimientos y que así una persona pudiera saber que estos habían existido y que yo los había sentido. Pero la persona, antes de la publicación del libro, se murió, y yo me sentí un completo idiota.
No sé para quién he escrito este segundo. Antes de empezar, me prohibí hablar a los muertos, que no saben leer. Sin embargo, he tratado de acercarme a esa pregunta un poco absurda: ¿qué es un muerto? Y a esa otra igual de absurda: ¿qué es un vivo?
Pongamos tu exnovia.
Qué es tu exnovia es una pregunta muy personal, porque quizá no hay una respuesta única. ¿Es un puñado de letras combinadas con habilidad, si eres escritor? ¿Acaso una escultura exacta y figurativa, si eres escultora, o abstracta y simbólica pero exacta también? ¿Son tus neuronas, o la muesca que se formó en ellas? ¿Es un perfume? ¿Unas cartas? ¿Un suspiro? ¿Un esqueleto?…
Yo creo que tu exnovia es el puñado infinito de recuerdos que tienes de ella mientras hay una coincidencia en el tiempo de estos recuerdos con su cuerpo viviente, con la materia orgánica que has percibido a través de tus sentidos tantas veces y que ha producido y desarrollado estos recuerdos, o ha ayudado a producirlos y desarrollarlos, como un teléfono que funciona de manera impecable pero porque en algún lugar lejano o cercano hay una centralita perfectamente activa y operativa que lo permite; cuando la centralita se apaga, el teléfono sigue ahí, pero ya no pilla cobertura, y solo te queda mirar la galería…
Es decir, que tú eres tu exnovia pero que para serlo necesitas que tu exnovia sea mientras, en su casa, tú. O dicho de una forma menos marciana: si uno de los dos cuerpos vivientes falta ya no hay exnovia. Mientras la hay, puedes escribirle una correspondencia si quieres, o incluso un libro; luego ya no, o no deberías.