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ISBN978-84-339-7153-1
EAN9788433971531
PVP CON IVA11.5 €
NÚM. DE PÁGINAS104
COLECCIÓNNarrativas hispánicas
CÓDIGONH 415
PUBLICACIÓN03/05/2007
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Dos pastiches proustianos

Hace poco más de un siglo que nació el escritor Llorenç Villalonga. La biblioteca del Círculo Mallorquín puso en sus manos a los prosistas del Gran Siglo, el duque de Saint-Simon, Chateaubriand, Stendhal, Anatole France, Flaubert y a Marcel Proust. No es raro, pues, que en la obra de Villalonga la huella francesa esté presente. Los relatos de Dos pastiches proustianos «Marcel Proust intenta vender un De Dion-Bouton» y «Charlus en Bearn»– son una buena muestra de esa fascinación y una auténtica joya literaria. Publicados por vez primera en los «Cuadernos Anagrama», en 1971, cuando se cumplía un siglo del nacimiento de Proust, fueron acompañados de una introducción en la que Villalonga escribió: «La admiración que profeso al genial escritor, cuyo natalicio se conmemora en este año de 1971, arranca de mis tiempos de estudiante.» Como en un juego de equidistancias entre los espejos del tiempo, esta nueva edición celebra el siglo de Villalonga, quien relataba así su admiración por Proust: «Aquella inteligencia lúcida, imbricada de realidad y fantasía, aquella sensibilidad dubitativa, casi enfermiza, compleja, llena de humor parisién, me deslumbraron vivamente.» A esta nueva edición se le ha añadido un prólogo de José Carlos Llop y un apéndice de Jorge Herralde.

 


Villalonga, Llorenç


Llorenç Villalonga (Palma, 1897-1980) vivió los años treinta entre el aficionado a épater le bourgeois —de ahí su divertida novela Mort de dama (1931)—, el gusto por las vanguardias arquitectónicas y el conservadurismo ideológico teñido de Ortega y Spengler. Durante la Guerra Civil —que estalla cuando está a punto de cumplir cuarenta años— viste camisa azul y da charlas radiofónicas contra la República, aunque acaba venciéndose al escepticismo. Letor de los memorialistas del Gran Siglo, de Voltaire, Anatole France y Marcel Proust, la huella afrancesada es una constante en su obra literaria. Cuando aparece Bearn o la sala de les nines (1961), Villalonga se convierte en el gran novelista de la memoria de la literatura catalana y obtiene el Premio de la Crítica. Ya es un hombre mayor y un escritor que ha combinado su oficio con la subdirección del Manicomio de Palma. Asumido el catalán como su única lengua literaria, Villalonga publicó o reeditó quince novelas más, una autobiografía, varias piezas teatrales y algunos libros de relatos. De uno de ellos —El lledoner de la clastra— surgen estos Dos pastiches proustianos.

Foto © Fundació Casa Museu Llorenç Vilallonga



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