Los maestros pensadores

La aparición de Los maestros pensadores provocó una auténtica conmoción en la vida política y cultural francesa, originándose en torno al libro, y a los llamados «nuevos filósofos», una apasionada polémica en la que intervino toda la intelligentsia de izquierdas.

A partir de la existencia del Gulag, Glucksmann, con feroz alacridad, hace un análisis de las causas que han podido propiciarlo. Ya en La cocinera y el devorador de hombres, osaba remontar de Stalin a Lenin y al propio Marx. En Los maestros pensadores sigue hasta Hegel y Fichte, hasta la relación entre la filosofía alemana y la revolución francesa. Una pista desvelada, remontada y descendida hasta Nietzsche. Según Glucksmann, en el pensamiento alemán del siglo XIX —que «pensó» la revolución francesa— se incubaría el Gulag. La revolución tampoco sale indemne, ya que finalmente instaura un nuevo orden, un nuevo Estado, un nuevo aparato represivo. El reproche que Glucksmann hace a Marx, y a los otros maestros pensadores alemanes, es el de haber trazado determinados caminos intelectuales: el culto a la Revolución total y final, el Estado terrorista por el bien de la colectividad, la Ciencia (social) que permite conducir a las masas a pesar de ellas. Estos caminos no desembocan directamente en el Gulag, pero conducen a la no-resistencia al Gulag. Los maestros pensadores desmovilizan ante las primeras manifestaciones de un terrorismo que se reclama precisamente de la Revolución, de la Ciencia, del Estado. Existe un rasgo común a todos los maestros pensadores alemanes: la consideración de la existencia de los marginados (campesinos, judíos, trabajadores emigrados, etc.) que deben ser excluidos, a los que se considera teóricamente peligrosos. Y demuestra como la ideología (Hegel: «pensar es dominar») hace posible un multiplicador de la violencia y la opresión sobre los marginados. Glucksmann se declara partidario de defender el derecho a pensar por un mismo y a desconfiar de la competencia de los expertos, de los técnicos y de los tecnócratas y —frente a la falaz alternativa de orden y desorden— elabora una filosofía de la disidencia. Como dice Michael Foucault, Glucksmann hace surgir del corazón de lo más alto discurso filosófico a estos fugitivos, estas víctimas, estos rebeldes, estos disidentes siempre insurrectos: estas «cabezas ensangrentadas» que Hegel quería borrar de la noche del mundo.

ISBN978-84-339-1412-5
EAN9788433914125
PVP CON IVA10.22 €
NÚM. DE PÁGINAS262
COLECCIÓNElementos Críticos
CÓDIGOEC 12
TRADUCCIÓNJoaquín Jordá
PUBLICACIÓN01/01/1978
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André Glucksmann


André Glucksmann (1937-2015) es el autor de mayor envergadura intelectual de la hábil operación editorial de la «nueva filosofía» (por otra parte ha negado reiteradamente ser ningún «nuevo filósofo»). Miembro del Partido Comunista Francés desde los 14 años hasta la intervención soviética en Hungría, maoísta en la época de Mayo 68, en el que participó activamente, es autor, entre otros trabajos, de El Discurso de la Guerra (Anagrama, Barcelona), que fue considerado uno de los libros más importantes de la pasada década, y de La cocinera y el devorador de hombres (Madrágora, Barcelona).

Foto CC BY-SA 2.0 by Heinrich-Böll-Stiftung (Flickr: Daniela Schwarzer, André Glucksmann)



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