Velocidad de los jardines

Alguien dirige una carta a un escritor fallecido. Una fa­milia cargada de hijos atraviesa un continente devasta­do por la guerra, en busca de un balneario. Un viajante de comercio comienza a sospechar que en su rutina ace­cha un reverso alarmante tras varios encuentros fortui­tos con dos personajes anónimos. Un hombre y una mu­jer se dan cita cada tarde, sin ellos mismos saberlo: él ha extraviado una habitación y ella ha extraviado una his­toria. Un catedrático celebra a solas el paso a un nuevo año encerrado en su automóvil. Son, todas ellas, existen­cias que se debaten entre la banalidad y el prodigio; constituyen el pretexto para levantar una escritura don­de la memoria de cada cual inventa jardines, trafica sen­saciones, protagoniza sombras, puesto que en este libro rápido y lento, el lector no encontrará otra velocidad que la que el tiempo impulsa ni viaje más difícil que el regreso a los pupitres. En una encuesta entre internautas, Velocidad de los jar­dines fue elegido uno de los tres mejores libros de cuen­tos de los últimos 25 años: «Este libro contiene relatos que nos conciernen, que hablan de nosotros, y cuando se logra eso es difícil olvidar un libro, no quererlo» (Mi­guel Ángel Muñoz, elsindromechejov.blogspot.com); «Un escritor nuevo, diferente, personal, riguroso» (Ra­fael Conte, ABC).

ISBN978-84-339-7332-0
EAN9788433973320
PVP CON IVA6.50 €
NÚM. DE PÁGINAS144
COLECCIÓNCompactos
CÓDIGOCM 476
PUBLICACIÓN05/09/2008
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Eloy Tizón


Eloy Tizón (Madrid, 1964) ha publicado en Anagrama Velocidad de los jardines (1992), elegido por El País como «uno de los 100 libros españoles más signifi­cativos de los últimos 25 años» y seleccionado por la revista Quimera entre «los mejores libros de cuentos de la literatura española del siglo XX.» También es autor de las novelas Seda salvaje (1995, finalista del Premio Herralde), Labia (2001), La voz cantante (2004) y Parpadeos (2006), todas ellas recibidas con una entusiasta aco­gida crítica: «Desde el principio, Eloy Tizón parecía destinado a aceptar los mayores desafíos. Un ejerci­cio de metaliteratura de primera magnitud. Y sigo creyendo que dada la brillantez de este excepcional escritor, debería verse mejor recompensado por la lectura masiva que su calidad merece» (Rafael Con­te, El País); «Prosa elegante y concisa, inteligente sin exhibicionismo, provocadora sin estridencias. Una escritura corrosiva, pero también angélica» (J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia); «Eloy Tizón cuenta con maestría, con sobriedad ejemplar, inclu­so con modélico laconismo, y con prosa inventiva, nunca tópica ni plana, que no se deroga en vanas or­namentaciones; es dueño siempre de la narración, pues controla con sabiduría sus tempos, sus ritmos, evita la monotonía, sabe ser divertido, evita el pate­tismo, orilla la grandilocuencia, destila suave humor. Ratifica con La voz cantante sus condiciones de ex­celente, riguroso narrador, que a su edad puede dar mucho de sí» (Miguel García-Posada, ABC); «La voz cantante es una bellísima novela, una lección de literatura con mayúsculas iluminada a cada paso por la hoguera de la imaginación lírica. Y un texto, sobre todo, que sitúa a Eloy Tizón como uno de los pocos narradores del panorama actual dispuestos a jugar hasta el final la baza del inconformismo, la experi­mentación y el compromiso con la literatura» (Ángel Zapata, Muface). 

Foto © Robert Ramos



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