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Palabras afiladas de una mujer

Palabras afiladas de una mujer

Invitamos a Marta Sanz a que nos hable sobre la autora que ha supuesto su mayor inspiración, Dorothy Parker: «Nos contamos contando a los demás, y en el relato de las vidas ajenas yo me encuentro. Soy las otras. Otras se han quedado en mí. El cuerpo y las conversaciones.»

POR Marta Sanz
17/03/2026

Dorothy Parker murió en 1967, que fue justo el año del único parto de mi madre. Yo llegué a la escritora a través del cine. De las representaciones de su vida en las películas y de su trabajo como guionista. Porque, antes de leer los textos de Parker, yo había visto Ha nacido una estrella (William Wellman, 1937), cuyo guion está firmado por Parker y por el que fue su marido, Alan Campbell. Además, mi juventud coincidió con aquel entusiasmo suscitado por las películas de Alan Rudolph; las veíamos puntual y reverencialmente en cines que, en mi época, ya no eran de «arte y ensayo», sino solo cines de películas en versión original subtitulada. No nos perdíamos ni un título de Rudolph: Elígeme, Inquietudes, Los modernos… Con Pensamientos mortales comenzamos a sentir un poco más de escepticismo. Rudolph también rodó La señora Parker y el círculo vicioso, interpretada por Jennifer Jason Leigh. Decían que Jason Leigh se parecía mucho a Dorothy Parker, pero en realidad yo veo a la escritora neoyorquina que no nació exactamente en Nueva York mucho más parecida a Judy Garland. A la fragilidad y la fuerza estremecedoras, al nervio, de Judy Garland. A su tristeza, su brillo, a su necesidad de anestesia para soportar una vida que iba en serio desde el principio. Alzarse hacia el cielo y estar siempre a punto de caer. El ala rota. Judy Garland, protagonista de Ha nacido una estrella, con su mirada y su voz nos pone los pelos de punta. La niña de El mago de Oz. Con las palabras de Dorothy Parker sucede lo mismo.

Los círculos son el área, lo que queda dentro de las circunferencias, y leer es haber leído –el peso y el poso–. Establecer relaciones a través de una memoria propia es muy importante. Leer es relacionarlo todo. Los círculos viciosos no solo consisten en meter el dedo en el ombligo y darle vueltas, como escribió Ionesco. Encontré esa definición del círculo vicioso en una agenda como encabezamiento aleccionador para pasar el día. Quizá sería la frase iluminadora para la jornada del 22 de agosto, fecha del nacimiento de Parker, o acaso del 7 de junio, fecha de su muerte. 7 de junio de 1967. Las cenizas de Parker estuvieron arrumbadas durante años quién sabe dónde hasta que recibieron sepultura en el cementerio de Baltimore. El epitafio de la lápida lleva la marca de Parker. «Excuse my dust.» Sé que todas hablamos inglés, pero por si acaso traduzco: «Perdonen por el polvo». Amargura y risilla lateral. Presiento que es mejor donar tu cuerpo a la ciencia. Tu cuerpo difunto, obviamente. Antes de la defunción, que Diosa nos libre de las agujas y de las amputaciones.

Los círculos viciosos no solo consisten en meter el dedo en el ombligo y darle vueltas. El círculo que daba título a la película de Rudolph recreaba la Mesa redonda de Algonquín, el hotel neoyorquino en el que durante la época de la prohibición se reunían casi a diario Dorothy Parker, Robert Benchley, Ruth Hale, Noël Coward o Tallulah Bankhead. Tallulah, Tallulah… No puedo resistirme a la repetición de las consonantes líquidas ni al recuerdo de otro Parker que resuena en mi memoria: Alan Parker, que dirigió a Jodie Foster en Bugsy Malone (1976). Toda la película está interpretada por niños. Foster es la novia del gánster, Tallulah, y canta una reveladora letra de Paul Williams:

My first rule of thumb

I don't say where I'm going

Or where I'm coming from

I try to leave a little reputation behind me

So if you really need to

You'll know how to find me

I live till I die

I'll take what you give me

And I won't ask why

I’ve made a lot of friends

In some exotic places

I don't remember names

But I remember faces

 Foster es una niña espeluznantemente sexualizada, que se hace fuerte y espléndida, lo que la convierte en deseable y simultánea carne de cañón. Como en Taxi Driver y como muchas mujeres de los cuentos de Parker que no saben dónde anida el gusanillo de su tristeza. Se pintan los labios otra vez. Acuden a una cita. Tallulah canta en tiempos de la prohibición que también eran los tiempos de la Mesa redonda de Algonquín. La concentración de este Bilis Club actuó como una maravillosa centrifugadora. El ingenio perverso de Dorothy Parker salió al mundo para ver sus injusticias y volvió a ella en forma de impotencia y alcoholismo. Mientras tanto, su vida no fue en vano: Parker fue señalada durante la caza de brujas como miembro del Partido Comunista; Parker colaboró activamente con la República española durante la Guerra Civil; Parker, desde las ejecuciones de Sacco y Vanzetti, luchó por los derechos civiles, no se calló ni debajo del agua pese al peligro de que toda disidencia política en la mujer la encierre automáticamente en la jaula de las locas. Frances Farmer. Kate Millett. Margarita Ferreras. No tendría página para la enumeración.

Nos quedan, sin embargo, algunas buenas noticias: mujeres cuidan de mujeres, y, si Parker acompañó a Lillian Hellman en su búsqueda de Julia a través de una Europa en guerra, luego fue Hellman quien pagó el funeral de Parker. Hellman relata la aventura con Julia en su precioso libro Pentimento, que años más tarde es adaptado al cine por Fred Zinnemann. Jane Fonda interpreta a Hellman. Vanessa Redgrave, a Julia. Dorothy Parker, Dottie en el film, tiene una papel secundario interpretado por Rosemary Murphy. Al final, para conocer a los protagonistas de una historia, lo más sensato es tirar del hilo de las constelaciones que se forman a su alrededor. El relato de lo periférico es la única manera de aproximarse a lo central: dentro de la circunferencia queda el círculo, y dentro del contorno, la carne. Las constelaciones se mueven y se transforman, y lo que una vez fue epicentro luego se coloca en el espacio de los márgenes que iluminan otro centro. Hablo de Garland y de Hellman y de Ruth Hale y de Alan Rudolph porque me acerco a Dorothy Parker. Inexorablemente. Oigo su risita muy dentro de mí y posiblemente ella de vez en cuando sentiría sus huesos cristalizados como, a veces, los siento yo. Nos contamos contando a los demás, y en el relato de las vidas ajenas yo me encuentro. Soy las otras. Otras se han quedado en mí. El cuerpo y las conversaciones.

Dorothy Parker escribió artículos en Vogue, crítica literaria en The New Yorker; escribió poemas sobre «Hombres con los que no estoy casada», una «Balada de las ambiciones comprensibles», una «Canción del peor gusto posible» y otra «Canción de la vida social de Hollywood». También compuso multitud de canciones e himnos de odio contra: mujeres, hombres, actrices, parientes, cobardes, bohemios, nuestro despacho –el de Vanity Fair–, actores, los pesados, el teatro, fiestas, películas, libros, los jóvenes, resorts de veraneo, esposas, maridos y universitarios. Parker es la antípoda absoluta de esa filosofía delulu, que propone una actitud vital en la que autoengañarse es la solución. Lola López Mondéjar dice en Sin relato que lo delulu sería «exponente máximo de esta ludificación de la vida real, del desplazamiento de la no fricción y la gamificación de las pantallas a la vida presencial». Parker, que no supo de smartphones, supo bien que en la vida real una se faja, que con los textos te fajas, que en cada palabra pones el cuerpo. Sobre todo si las palabras afiladas provienen de una mujer. Porque, se diga lo que se diga, las manos blancas son las que más ofenden. Parker es el antidelulu y la no tan paradójica constatación de que el glamour es underground y de que ciertas formas de la frivolidad y la ligereza, la bisutería y la burbuja del champán –no muy caro, pero sí muy pretencioso– funcionan como artillería pesada. Por su capacidad provocadora o por el vacío que encierran.

Dorothy Parker escribió muchos relatos, pero hay uno que, cuando lo lees, ya no lo olvidas nunca. Se titula Una rubia imponente. Augusto Monterroso lo incluyó en su Antología del cuento triste. Para mí, es el ejemplo palpable de que el mejor humorismo nace de la angustia. En el gesto de hacer humor hay un deseo inconmensurable de vivir vidas, racional o irracionalmente difíciles, propias o ajenas. En el gesto de hacer humor anidan la rabia y el ímpetu para seguir adelante y entender todas esas cosas que le pasan a todo el mundo y son importantísimas sin tener ninguna importancia. Por ejemplo, morirse. Luego, hay cosas que también pueden sucederle a todo el mundo, pero suelen ocurrirles a quienes no tienen el riñón ni la reputación tan cubiertos: quedarse sola, empobrecerse. Hacia esos sitios Dorothy Parker, una escritora que trabajó desde que le salieron los dientes, también miró.

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