ARTÍCULOS
Empieza a leer 'Sobre la igualdad de todas las cosas' de Carlo Rovelli
PREFACIO
Estas páginas nacen de una invitación del Departamento de Filosofía de la Universidad de Princeton, donde estuve entre noviembre y diciembre de 2024. Mi relación con los filósofos de Princeton se remonta a unos quince años antes, cuando Bas van Fraassen fue uno de los primeros en interesarse por el enfoque relacional de la mecánica cuántica que yo había empezado a explorar en los años noventa.
Agradezco a Hans Halvorson que renovara ese vínculo. Agradezco también a Gideon Rosen, Mark Johnston y a todos los miembros del departamento, desde el director hasta los estudiantes, la cálida acogida y las vivísimas discusiones, que han dejado una huella profunda en este texto. Fue un placer, sobre todo cuando no estábamos de acuerdo.
El tema de las clases, y de estas páginas, consistió en las implicaciones filosóficas de la revolución científica en curso.
Me dirijo aquí a distintos lectores. A mis lectores sin formación técnica, pero atraídos por comprender qué implica la ciencia moderna en las preguntas filosóficas de siempre. Y me dirijo, aún más, a los filósofos y científicos interesados en las consecuencias conceptuales de la gravedad y la física cuántica consideradas en conjunto.
«Sobre la igualdad de todas las cosas» (齊物論) es el título del extraordinario segundo capítulo del Zhuangzi, uno de los grandes libros de la Antigüedad. Alude al antifundacionalismo al que, a mi juicio, nos conduce la ciencia moderna: electrones y mente, piedras y leyes, juicios y galaxias no son en esencia de naturaleza distinta unos de otros. Son nociones que se iluminan mutuamente.
Este es el mundo que veo surgir de la revolución científica del siglo XX y que trato de ilustrar en las páginas que siguen. Es un mundo que no está hecho de objetos, no ocupa un espacio, no se desarrolla en un tiempo y no está regido por causas y efectos. Es un entramado de relaciones, compuesto por perspectivas que se entrelazan, y solo puede describirse desde su interior. Nos invita a modificar los conceptos con los que nos hemos acostumbrado a organizar la realidad, a abandonar certezas y a renunciar a fundamentos últimos.
Adentrarme en él, primero como estudiante y luego como investigador, reflexionar sobre él y discutirlo ampliamente ha sido para mí, y sigue siendo, fuente de asombro y vértigo. Es un mundo extraño. Pero me parece más ligero y más acogedor para nosotros, seres mortales, compuestos sobre todo de pensamientos y emociones.
LECCIÓN PRIMERA. LA ESTRUCTURA RELACIONAL DE LA REALIDAD
Nos presentamos como estudiosos de matemáticas y física. En nuestro trabajo cotidiano nos vemos empujados a formular preguntas del mismo tipo que las de la metafísica; nos acercamos a ellas sin fiarnos de la capacidad innata de penetración de nuestras mentes, sino entrenados en adaptar continuamente nuestros modos de pensar a los hechos de la naturaleza externa.
JAMES CLERK MAXWELL, Address to the Mathematical and Physical Sections of the British Association (1870)
La curiosidad nos une. Somos hermanos en las preguntas. Somos hermanas en las preguntas. Seguimos descubriendo perspectivas nuevas que nos abren nuevas miradas sobre la realidad. Lo que me resulta más fascinante de la ciencia es este continuo ajuste de nuestros conceptos, que deben adaptarse a lo que vamos aprendiendo. Las nociones con las que pensamos el mundo se han ido configurando por la experiencia de las generaciones que nos han precedido; nuevas experiencias y nuevos conocimientos las transforman.
Y así, repensamos la naturaleza de la realidad física, pero también la naturaleza del conocimiento, y de nosotros mismos: sujetos del saber, testigos de la existencia, artífices e intérpretes del significado de los términos que empleamos, seres concretos, fragmentos del mundo físico, tejidos de pensamientos, deseos, proyectos, emociones y sueños.
Los saltos conceptuales a los que nos conduce la ciencia del siglo XX son incluso más radicales que los de la gran revolución científica que inauguró la era moderna: aquella que se abre con Copérnico, pasa por Galileo y llega hasta Newton, y que sustituyó jerarquías angélicas e influencias astrales por cuerpos y fuerzas. Entonces, el éxito de la scientia nova –como se la llamaba– tuvo un impacto decisivo en la civilización europea, y después mundial, abriendo el camino a la Ilustración de Voltaire, Hume y Kant, a la revolución industrial, a la modernidad. Hoy, la revolución científica en curso es igual de disruptiva. Pero creo que no se ha asimilado todavía todo su alcance filosófico.
Una parte de la filosofía se mantiene alejada de la ciencia contemporánea. Creo que es un error. La mejor filosofía siempre ha prestado atención a la ciencia de su tiempo. Aristóteles, Hume, Kant, Husserl… miraban la ciencia con extrema atención. Ignorar la ciencia actual es como mantenerse anclados en la idea de que la Tierra es el centro del cosmos después de la revolución copernicana. Es no mirar más allá de nuestro pequeño jardín. Pero me parece que incluso la parte de la filosofía atenta a la ciencia tiene dificultades para enfrentarse de lleno al saber de la tumultuosa revolución científica en curso.
Estas páginas son una reflexión sobre las implicaciones conceptuales y filosóficas de esta revolución, mi contribución al intento de esclarecerlas. Trato de resumir aquello que me parece comprender hoy de este saber, tras una vida dedicada a la física fundamental, caminando por el límite de lo que sabemos. He hecho un esfuerzo por presentar las ideas de la manera más clara posible para todos mis lectores, pero este no es un libro sencillo. Es un largo viaje. Presenta un amplio arco de pensamientos, enlazados unos con otros, para construir paso a paso una visión coherente de lo que me parece que logramos (o no logramos) decir sobre las cosas, sobre nuestro conocimiento, sobre el espacio, el tiempo y sobre nosotros mismos, a la luz de lo que nos ha enseñado la física contemporánea.
Las lecciones zigzaguean entre nosotros y la naturaleza. En esta primera lección, después de unos breves titubeos iniciales sobre algunos aspectos de la física que se estudian en la escuela, me sumerjo en el extraño corazón de los cuantos. La segunda vuelve a centrarse en nosotros al hablar del conocimiento: de cómo cerrar el círculo entre este y el mundo.
La tercera está dedicada a espacio y tiempo, y a la estructura conceptual necesaria para combinar los dos grandes saltos conceptuales del siglo XX: los cuantos y los descubrimientos de Einstein sobre el espacio, el tiempo y la gravedad. La cuarta vuelve a nosotros para discutir la base física del fluir del tiempo y los fenómenos ligados a ese fluir, entre ellos, nuestra evidente libertad para decidir el futuro.
La quinta está dedicada a la forma de pensar hoy la naturaleza. En la sexta intento reunir los hilos de este saber riquísimo, aunque reacio a las certezas y a unos fundamentos definitivos. En un detallado apéndice explico cómo funciona la ciencia, la que nos ha abierto el mundo extraño que me dispongo a contar.
***
Traducción de Pilar González Rodríguez
***
Descubre más sobre Sobre la igualdad de todas las cosas, de Carlo Rovelli, aquí.