ARTÍCULOS

Empieza a leer 'La fiebre del arte' de María del Mar Arnús

27/05/2026

XAVIER VALLS, DESDE EL SILENCIO1

Acaba de inaugurarse en París en la galería Henriette Gomès una exposición de dibujos y acuarelas del pintor catalán Xavier Valls (Premio Cáceres 1979 y Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres).
          Lo que a simple vista podría parecernos una huera muestra decorativa y que algunos se atreven a tachar de banal, lejos está de captar el momento, mejor dicho el instante, del que parte Valls para asir la realidad: es como si fuera desde el estado de duermevela que sigue al despertar; cuando, por así decirlo, solo el ojo del artista está del todo despierto, mientras que el intelecto reposa todavía. Entonces el mundo usual, aquello que lo rodea, se transforma en un conjunto de manchas y de formas de distinta apariencia, color, magnitud y consistencia. El encanto de aquella situación o de aquel rincón se debe a que todo parece como nuevo; lo cotidiano adquiere un frescor maravilloso, un carácter elemental. El color, el volumen, la luz se liberan de su función de caracterizar las cosas, ganan una intensidad distinta. En cuanto se desvela el intelecto adormecido, este fenómeno se esfuma y se pierde la maravilla. Ha sido tan solo un instante, algo efímero.
​          No se trata, pues, del modo natural de ver las cosas, no es la visión espontánea del mundo cotidiano la que nos presenta Valls en sus cuadros, pues él excluye deliberadamente todo elemento del sentimiento: las peras, las botellas o los libros tienen el mismo valor psicológico que un rostro o un ser humano. La extraña calma vegetativa de esos cuadros no es la calma de la naturaleza muerta, sino la calma del mundo sin naturaleza. Xavier Valls sitúa los objetos –sea bodegón, paisaje o figura– en un lugar alejado del tiempo sensible. No son seres vivientes. Ellos surgen de los inciertos lugares del silencio. Arte sobrehumano, metafísico, alejado de la vida, donde todo aparece envuelto en una atmósfera de inmovilidad, como si quisiera aprehender aquello que hay detrás de todo ser o de todo objeto. De ahí esa frialdad de las formas que viene de la abstracción.
​          En su obra están aún latentes sus influencias novecentistas, cubistas y constructivistas, su afinidad con Balthus y sobre todo la lección de Cézanne, de Bonnard y de Seurat, en una perfecta simbiosis del ciudadano barcelonés y parisino. Pinceladas breves y luminosas, lápices de distinta textura, tonos sutiles y gran refinamiento. Xavier Valls es un virtuoso. Su obra ha sido elaborada lenta y concienzudamente durante los cuarenta años que lleva viviendo en París, al margen de modas y modos. Con un dominio total de la armonía del color y la forma, este pintor de Horta nos presenta la realidad trascendente e inmóvil, su relación mágica con el entorno, su modo de ver casi sin pensar, desde una quietud suspendida entre el sueño y el despertar, donde los objetos se dejan ver reducidos a lo esencial en aquel instante absoluto detenido en el transitar temporal.
​          El dulce silencio de los bodegones, el fluir indescifrable del tránsito de la figura de Luisa, la visión deslumbrante de aquel rincón del jardín de Horta: apariciones desde una paz más allá del equilibrio mostrado.

1 La Vanguardia, «Cultura», 7 de junio de 1983.

***

Descubre más sobre La fiebre del arte de María del Mar Arnús aquí.

COMPARTE
COMENTARIOS