Apuntes para un incendio de los ojos
La poesía de Gabriel Ventura traducida por primera vez al castellano, en este poemario sobre el espíritu disruptivo del arte.
Estatuas con cabezas cortadas, templos quemados y abandonados, niños corriendo entre el desastre... Apuntes para un incendio de los ojos es un libro atravesado por el fuego, una tentativa de reflexionar sobre la iconoclastia y la adoración de imágenes.
¿Contiene la poesía, aún, el germen de la rebelión? La puerta de entrada a este archivo de poemas extraños y fragmentados —como las piedras que lanzan los rebeldes— es una fotografía de Bruno Braquehais, tomada en la Place Vendôme de París, el año 1871, durante los días más salvajes de la Comuna. En ella se observa una estatua derrocada de Napoleón, tumbada a los pies de los sublevados. Dice la leyenda que, entre los retratados, se encuentran los rostros de Rimbaud y Manet, el poeta y el pintor que se alzaron contra la literatura y el arte de su tiempo. Revuelta estética y revuelta política, ¿no deberían ir siempre de la mano? «El interés por la destrucción de un icono suele ser el indicio de un miedo ancestral: el miedo a que las imágenes estén vivas. Eso las convierte en entidades temibles, en objetos que han de ser eliminados y mutilados.»
Entendiendo el lenguaje como un cuerpo en construcción, errático y poroso, Gabriel Ventura nos adentra en una experiencia lingüística que busca constantemente «más ojo, más piel, más límite donde despeñarse». Subversión, inocencia, destrucción y transformación son los temas de una obra que se pregunta si es posible «arrancarle la cabeza al cuerpo del poder» y si todavía nos podemos rebelar a través el lenguaje.
«Aquí se viaja a las esferas y se desciende el centro de la tierra. Un axis que conecta lo de arriba y abajo (como en tantas tradiciones filosóficas y religiosas) sin dejarse seducir por los cantos de sirena de lo irreal. Lo concreto, lo cercano, lo hondo» (Jesús Aguado, El Ciervo).
Sinopsis
Estatuas con cabezas cortadas, templos quemados y abandonados, niños corriendo entre el desastre... Apuntes para un incendio de los ojos es un libro atravesado por el fuego, una tentativa de reflexionar sobre la iconoclastia y la adoración de imágenes.
¿Contiene la poesía, aún, el germen de la rebelión? La puerta de entrada a este archivo de poemas extraños y fragmentados —como las piedras que lanzan los rebeldes— es una fotografía de Bruno Braquehais, tomada en la Place Vendôme de París, el año 1871, durante los días más salvajes de la Comuna. En ella se observa una estatua derrocada de Napoleón, tumbada a los pies de los sublevados. Dice la leyenda que, entre los retratados, se encuentran los rostros de Rimbaud y Manet, el poeta y el pintor que se alzaron contra la literatura y el arte de su tiempo. Revuelta estética y revuelta política, ¿no deberían ir siempre de la mano? «El interés por la destrucción de un icono suele ser el indicio de un miedo ancestral: el miedo a que las imágenes estén vivas. Eso las convierte en entidades temibles, en objetos que han de ser eliminados y mutilados.»
Entendiendo el lenguaje como un cuerpo en construcción, errático y poroso, Gabriel Ventura nos adentra en una experiencia lingüística que busca constantemente «más ojo, más piel, más límite donde despeñarse». Subversión, inocencia, destrucción y transformación son los temas de una obra que se pregunta si es posible «arrancarle la cabeza al cuerpo del poder» y si todavía nos podemos rebelar a través el lenguaje.