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Copi: Dios salve a la reina

Copi: Dios salve a la reina

Desde París y escribiendo en francés, el escritor y dibujante Raúl Natalio Roque Damonte, más conocido como Copi, se convirtió en una de las voces imprescindibles de la literatura latinoamericana y la cultura queer contemporánea.

POR Eduardo Bravo
28/07/2026

«El escritor y dibujante argentino Raúl Damonte “Copi” falleció hoy en París, en el Hospital Claude Bernard», informaba la Agencia Efe el 14 de diciembre de 1987, a través de un teletipo en el que aportaba algunos detalles más sobre el deceso. Por ejemplo, que el triste desenlace había sucedido «tras varias semanas de hospitalización, a los 48 años de edad», o que la noticia «se supo de sus familiares, quienes no precisaron la causa de su muerte». No era necesario. Todos aquellos que conocían al escritor argentino estaban al tanto del motivo, porque él mismo lo había contado. «Soy tan vanguardista que me agarré el sida primero que nadie», comentaba Copi con ese desparpajo y sentido del humor que lo había convertido en una de las voces más irreverentes de la literatura argentina aunque escribiera en francés, del mismo modo que lo son de la española Agustín Gómez Arcos o Fernando Arrabal, que apenas han escrito en castellano.

Copi había nacido en la ciudad de Buenos Aires el 20 de noviembre de 1939, en el seno de una familia acomodada que tenía negocios en el sector de la prensa. Su abuelo era Natalio Botana, fundador de Crítica, diario de corte popular en el que colaboraron autores como Roberto Arlt, Alfonsina Storni o Jorge Luis Borges, que llegó a ser el encargado de uno de los suplementos culturales del periódico.

Tras la muerte de Botana en un accidente de circulación sucedido en 1941, el diario pasó a ser dirigido por Raúl Damonte Taborda, padre de Copi, que, a pesar de su ideología radical, se mantuvo fiel a la línea popular de la publicación, mostrando especial simpatía hacia un nuevo movimiento político, el justicialismo, y su líder, Juan Domingo Perón.

Sin embargo, una serie de discrepancias con el general provocaron el cierre del diario por orden gubernativa, y la familia Damonte-Botana consideró conveniente exiliarse en Uruguay, país en el que Copi pasó su infancia. Solo abandonaría la Banda Oriental –antigua denominación del país vecino utilizada todavía por Borges como forma de reivindicar la argentinidad del territorio– para cursar el bachillerato en París, ciudad en la que se radicaría definitivamente en 1962.

En la capital francesa, Copi conoció a Roland Topor, Alejandro Jodorowsky y Fernando Arrabal, participó de los espectáculos del Grupo Pánico y entró en contacto con lo que César Aira llamó «ese “mundo dentro del mundo” que es la escena gay en la que Copi encontró su destino barroco. En adelante, el universo a medias autónomo de las “locas” será su teatro del Mundo, lo que el cristianismo fue para Calderón», comentaba el autor de Cómo me hice monja, que continuaba: «el mundillo gay es la escena que necesita Copi, y Copi es el artista que necesita esta escena para volverse drama, novela, mundo; para volverse alma, mónada; para expresar “el mejor de los mundos posibles”, el mejor por ser real».

Aunque será en Francia donde alcance su máxima expansión, ese universo personal ya estaba presente en la que fuera la primera obra teatral de Copi, Un ángel para la señora Lisca, estrenada en el Teatro Sarmiento de Buenos Aires en la temporada 1957-1958, y en la que un joven homosexual de provincias llegaba a la capital, donde se alojaba en una pensión regentada por esa señora Lisca a la que hace referencia el título. No obstante, tras ese estreno que lo confirmó como una joven promesa, la producción literaria de Copi sufrió un parón. Habría que esperar hasta 1966 para que estrenara Sainte Geneviève dans sa baignoire, y hasta 1972 para la aparición de su primer relato largo o novela corta, LUruguayen [El uruguayo], donde sus recuerdos de Montevideo se mezclaban con elementos del absurdo, el surrealismo y una violencia tan extrema que provocaba la hilaridad del lector.

Entre tanto, el escritor se dedicó a publicar viñetas humorísticas, primero en cabeceras como Twenty o Bizarre y, posteriormente, en Le Nouvel Observateur, para la que creó su personaje más popular, «la mujer sentada», inspirado en su tía Mechita, que había quedado parapléjica después de un accidente de circulación. Si bien nunca se explicaba por qué la mujer de la tira cómica debía permanecer en esa posición, el hecho es que era sentada como la mujer dialogaba con diferentes interlocutores, entre los que se encontraban caracoles, su exesposo muerto, su hija, una rata o dos de sus amantes: un elefante y un rinoceronte.

«Alguien me había dicho, en las semanas de fiebre que precedieron, en el otoño de 1964, al nacimiento de Le Nouvel Observateur: “Nos hará falta una historieta, ocúpate de conseguirla”. Por facilidad, busqué en un número especial de la revista Bizarre que reunía, presentados por Jacques Sternberg y Jean-Pierre Castelnau, obras de cincuenta y siete dibujantes humorísticos. Entre ellos, un argentino de veinticuatro años, del que Bizarre publicaba dos historietas. En la primera, una mujer se disfrazaba de payaso frente a un espejo, primero entre carcajadas, después terminaba llorando. En el segundo, un caballo caminaba sobre una niña. El trazo era bastante torpe, el ritmo lento, el cierre incierto. Nada de que reír, en todo caso. Pero la poesía ya estaba allí: la malicia, la inocencia, la audacia, la tontería, el amor, el placer, la maldad, los sueños, la melancolía», recordaba en 1997 el director de Le Nouvel Observateur, Serge Lafaurie.

Poco a poco, a las tiras cómicas se le sumaron novelas y relatos como La vida es un tango –la única que escribió directamente en castellano–, La Internacional Argentina, El baile de las locas, Las viejas travestís y piezas teatrales como El homosexual o la dificultad de expresarse, L’ombre de Venceslao, Les Quatre Jumelles, Loretta Strong o Eva Perón, en la que, mucho antes de que Andrew Lloyd Webber y Tim Rice convirtieran a la primera dama argentina en un icono del musical camp, Copi reinterpreta el mito de Evita, despojándolo del aura de santidad del que le había dotado la propaganda peronista y convirtiéndola en una mujer despiadada, narcisista y cruel, capaz de protagonizar un acto de supremo egoísmo que cambia el curso de su propia historia.

De hecho, fue una obra de teatro, Una visita inoportuna, el proyecto en el que Copi estaba trabajando en 1987 cuando recibió la más inoportuna de las visitas. Considerada por él mismo su mejor obra, el montaje relataba las últimas horas de un actor enfermo de sida ingresado en un hospital. Una situación que el escritor conocía mejor que nadie y que decidió encarar a través de su característico sentido del humor, consciente de que estaba escribiendo una suerte de testamento, tal y como invita a pensar la primera escena de la obra:

ENFERMERA: Hoy es día de Suramina. Espero que haga venir a su sirvienta. Estoy harta de recoger las sobras de sus reuniones sociales. Nunca se había visto nada igual en este hospital. Usted es la Sarah Bernhardt de la Asistencia Pública.

CIRILO: Habla como un homosexual.

ENFERMERA: A veces me pregunto si no hubiera sido mejor nacer homosexual. Usted se manejó muy bien en la vida.

Telón.

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