ARTÍCULOS

'Las afueras', la novela que desconcertó a los críticos por subvertir su género literario

'Las afueras', la novela que desconcertó a los críticos por subvertir su género literario

Con su primera novela, Luis Goytisolo descolocó a una crítica que ni entendió la estructura de la obra y ni compartió el contenido de la misma.

POR EDUARDO BRAVO
30/10/2026

«Recuerdo que cuando Luis Goytisolo Gay publicó Las afueras –allá por los últimos años cincuenta o primeros sesenta–, para justificar el título de novela que editorialmente se atribuyó al libro, José María Castellet, el fértil prestidigitador de denominaciones, dijo en la presentación que se trataba de una novela en “espiral”», recordaba Dámaso Santos, que, a continuación, contradecía a Castellet –«era en realidad un conjunto de excelentes relatos unidos, sí, por un clima, por un ambiente común de postguerra»– y preguntaba: «Por cierto, ¿qué ha sido del benjamín de los Goytisolo de este tan bien dotado escritor?». Era 1970 y el crítico literario del diario Pueblo todavía sangraba por la herida desde que, una década antes, protagonizase una polémica que cuestionaba que se considerase novela a Las afueras. Una objeción de tipo literario que, todo sea dicho, estaba también contaminada por el posicionamiento político de los tres hermanos Goytisolo, claramente enfrentados a la dictadura franquista de la que Pueblo, diario vinculado al Sindicato Vertical, era fiel seguidor.

Todo había comenzado en 1958, cuando la editorial Seix Barral decidió convocar el Premio Biblioteca Breve, con la intención de contribuir a la renovación de las letras españolas en un momento en el que todas las obras artísticas estaban sujetas a la fiscalización de la censura, institución reactiva a cualquier innovación que se alejase de los criterios ideológicos del régimen. De esta forma, en junio de ese año, el jurado formado por José María Castellet, José María Valverde, Víctor Seix, Juan Petit y Carlos Barral falló en Sitges la primera edición de ese certamen, y eligieron como ganadora, por tres votos contra uno y otro en blanco, la obra de Las afueras.

La novela había sido presentada por Luis G. Gay, firma tan evidente que no podía considerarse realmente pseudónimo, y que correspondía a Luis Goytisolo Gay, escritor del que la prensa de la época destacaba especialmente dos aspectos: haber obtenido el premio de cuentos Sésamo en 1956 y su juventud. «Luis Goytisolo Gay apenas tiene veinticuatro años. Sin embargo, cualquier lector ajeno a este dato biográfico podría creer que es un hombre maduro, curvado por la experiencia de la Guerra Civil, por la devastación moral de la derrota», comentaba Benito Milla en el periódico de la CNT que la organización sindical publicaba en el exilio. Unas líneas más adelante, este crítico y futuro fundador de Monte Ávila Editores, demostraba haber entendido la novela y su contexto como pocos: «La gente nueva, como el autor de Las afueras, podría haber superado aquella etapa. No obstante, sus personajes tienen una relación inexorable con aquel tiempo, prolongado en sus tramas presentes. Porque los personajes de Las afueras están viviendo ahora, pero su vida aparece marcada a fuego por algo que ocurrió hace veinte años». Ese algo era, como ya había adelantado Milla, la Guerra Civil y la postguerra, temas que Goytisolo abordaba de una manera que incomodaba a muchos de los medios del franquismo, que decidieron criticar el libro negando la mayor: ni siquiera era una novela.

«Yo creo que José María Castellet, padrino literario del joven escritor Luis Goytisolo Gay, autor de Las afueras, que ha sido Premio Biblioteca Breve, se estaba relamiendo de gusto esperando el sitio en que todos habríamos de resbalar –público y críticos– al referirnos a la obra del jovencísimo autor. Todos hemos coincidido, en efecto, en afirmar que a Las afueras le falta algo para ser una novela cabal […]. Ahora, Castellet sale a demostrar por qué Las afueras no es una sucesión de relatos breves sino una novela auténtica», afirmaba Dámaso Santos el 18 de marzo de 1959 en Pueblo, dando el pistoletazo de salida a la polémica. Tanto es así que, unos meses más tarde, en febrero de 1960, el periodista seguía con sus diatribas: «En este instante, parece que desconocer a Luis Goytisolo puede constituir acaso un delito. Su llamada novela Las afueras, Premio Biblioteca Breve, es, más que una novela propiamente dicha, un conjunto de relatos».

No contento con ello, pocos días después, desde ese mismo periódico se arremetía contra el autor y, de paso, contra sus hermanos. Los calificó, a todos ellos, no ya de mediocres escritores, sino de delincuentes. «De Goytisolo (de todos los hermanos) nos hemos ocupado con alguna mayor amplitud. Pero lo hemos hecho en la misma medida en la que ellos gozan de un trato de favor en cierta prensa extranjera, que no se deriva tanto de sus actividades literarias, por las que los autores “suenan” en las librerías, como de ciertas actividades políticas por las que se anda más cerca de “sonar” en las comisarías», escribía el diario Pueblo en un editorial, que continuaba: «Creemos que las famas literarias hay que cimentarlas sobre la obra hecha, y el pueblo español está esperando conocer la obra de estos muchachos. El ruido actual por Goytisolo (Luis) es desproporcionado al único libro que tiene».

Mientras que Pueblo se obcecaba en su endeble crítica contra Las afueras, desde Nuestras Ideas, revista cultural publicada en Bélgica y vinculada al Partido Comunista, el crítico Martín Díaz explicaba, un tanto hastiado, por qué Las afueras era una novela a pesar de su estructura fragmentaria. «Quisiéramos soslayar, al hablar de esta novela, uno de los temas que han preocupado a la crítica española que se ha ocupado de ella; nos referimos a su clasificación como género literario, a la discusión –un tanto bizantina– de si es o no es novela.» Las afueras, continuaba Díaz, «agrupa, en siete capítulos, siete acciones distintas cuyos personajes son, también, distintos entre sí. Sin embargo, esos personajes llevan nombres que se repiten en diversos capítulos. Así, Don Augusto, Doña Magdalena, Víctor, etc. Esa repetición de nombres, que podría suscitar confusión si fuese gratuita, persigue un objetivo muy claro: identificar –a través de los nombres– a los personajes pertenecientes a una determinada clase social y, dentro de ella, a una misma generación. Así, p. ej., los cuatro Don Augusto que aparecen son: un terrateniente, un rentista, un hombre de negocios y un médico retirado, es decir, gente de la burguesía que aparecen en la novela siendo ya de edad relativamente avanzada. O, p. ej., en una generación más joven, los hijos de los Don Augusto serán los llamados Víctor. O en otra clase social, los Ciriaco, aparcero, uno; limpiabotas, otro; y bracero y peón albañil, el tercero».

Como explicaba Martín Díaz, además un recurso narrativo, los nombres en Las afueras tenían una utilidad simbólica. Augusto eran esos oligarcas que habían contribuido al golpe de Estado y que después fueron sustento económico del régimen; Magdalena, las esposas abnegadas y las madres dolientes de esa burguesía que habían visto cómo sus hijos marchaban al frente; Víctor, los vencedores de la guerra, y Ciriaco, los perdedores, alguno de los cuales, como el limpiabotas, también habían luchado con las tropas franquistas. Sin embargo, a diferencia de los Víctor, estos no habían conseguido descollar socialmente, porque el régimen ya se había encargado de hacerles entender que esa cruzada nacional no solo era una cuestión ideológica, sino, principalmente, de clase.

A pesar de las explicaciones de Nuestras Ideas o de Castellet, el diario Pueblo no daba su brazo a torcer: «Que los excombatientes se llamen todos Víctor; Domingo, los trabajadores manuales, etc., trata de conseguir artificiosamente, con una vaga intención simbólica –amén de que todos los personajes vivan en las afueras de Barcelona y que hayan pasado dieciocho años del final de la guerra–, una unidad de interés narrativo. Lo consigue solamente en parte, y más que por estos artificios por la propia naturalidad de cada relato, unidos más por el estilo, el lenguaje y algunas preocupaciones tipificadas del autor que por ningún otro elemento formal. Tampoco resulta demasiado ejemplar Las afueras para probar las teorías objetivistas».

A esas alturas, Luis Goytisolo no era ajeno a la polémica ni desconocía aquellas particularidades de su libro que provocaban que, para muchos, no fuera más que una colección de relatos. De hecho, lejos de ser meros accidentes fruto de la inexperiencia, eran decisiones literarias plenamente conscientes. «Las afueras. ¿Es una novela? ¿Dónde empieza? ¿Dónde acaba? ¿Cabe considerar la yuxtaposición como continuidad? ¿Cabe considerar la contextualidad como relato?», se preguntaba años después el pequeño de los Goytisolo frente al periodista mexicano Federico Campbell, antes de responder él mismo a todas esas cuestiones: «En realidad hubiera podido conseguir una obra unitaria refundiendo personajes, remodelando situaciones, reagrupando lugares, pero eso era justamente lo que quería evitar: el nexo material. Aunque influida por el realismo crítico, Las afueras no era precisamente (ni era mi voluntad que lo fuera) un ejemplo de realismo crítico, de ahí que, aunque el libro no tuvo mala acogida, en aquella época, 1959, nadie parecía dispuesto a considerarlo una verdadera novela».

De hecho, en un primer momento, hasta la propia Seix Barral tuvo problemas a la hora de clasificar Las afueras. En un anuncio de prensa en el que comunicaban su reciente publicación, la calificaban de «original ensayo de estructura novelística basado en las equivalencias y particularidades sociológicas de personajes distintos». Hoy, a punto de cumplirse seis décadas desde su publicación, nadie discute que Las afueras es una de las novelas con mayúsculas de la nueva literatura española del medio siglo, junto a títulos como El Jarama, Tiempo de silencio, Entre visillos y Nuevas amistades.

COMPARTE

CONTENIDO RELACIONADO

COMENTARIOS