06/11/2017
35.º Premio Herralde de Novela: Andrés Barba

El jurado compuesto por Gonzalo Pontón Gijón, Marta Sanz, Jesús Trueba, Juan Pablo Villalobos y la editora Silvia Sesé seleccionó las siguientes 5 novelas de las 626 presentadas al Premio Herralde de Novela, convocado por Editorial Anagrama y dotado con 18.000 euros:

 

República, de Thomas de Quincey (seudónimo), España

Al final uno también muere, de Roberto Valencia, España

Un hombre solo, de J. Samuel (seudónimo), España

La extinción de las especies, de Charles Willson Peale (seudónimo), Argentina

La física del destino, de Antonio Isasi, España

 

Pasaron a la deliberación final las dos siguientes:

 

República, de Thomas de Quincey (seudónimo), España

La extinción de las especies, de Charles Willson Peale (seudónimo), Argentina

 

Resultó ganadora República luminosa, de Andrés Barba (presentada bajo el seudónimo de Thomas de Quincey y el título República), y finalista La extinción de las especies, de Diego Vecchio (presentada bajo el seudónimo de Charles Willson Peale).

 

Andrés Barba (Madrid, 1975) se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del Premio Herralde y llevada a la gran pantalla por Mijke de Jong). En Anagrama también ha publicado dos excelentes libros de nouvelles, La recta intencióny Ha dejado de llover (Premio Nord-Sud), y cinco novelas más, que le confirmaron como uno de los escritores más importantes de su generación en España: Ahora tocad música de baile, Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas, Agosto, octubrey En presencia de un payaso. También es el autor de Muerte de un caballo (Premio Juan March), los ensayos Caminar en un mundo de espejos, La ceremonia del porno (escrito junto a Javier Montes y ganador del Premio Anagrama de Ensayo) y La risa caníbal, el libro de poemas Crónica natural y, en colaboración con el pintor Pablo Angulo, Libro de las caídas y Lista de desapariciones. Como traductor ha publicado versiones de autores como Herman Melville, Henry James, Joseph Conrad y Thomas De Quincey, entre otros muchos. Fue elegido por la prestigiosa revista Granta uno de los mejores narradores jóvenes en español. Su obra ha sido traducida a diecisiete idiomas por algunas de las editoriales más prestigiosas del mundo.

 

Diego Vecchio (Buenos Aires, 1969) es narrador, ensayista y traductor. Ha publicado Historia calamitatum (2000), Egocidios: Macedonio Fernández y la liquidación del Yo, (2003), Microbios (2006) y Osos (2010). Desde 1992 reside en París. Trabaja en la universidad de Paris 8 Vincennes-Saint Denis, dando clases de literatura hispanoamericana y talleres de confección de lenguas imaginarias y espectrales.

 

República luminosa, Andrés Barba

¿Qué tiene que suceder para que nos veamos obligados a redefinir nuestra idea de la infancia? La aparición de treinta y dos niños violentos de procedencia desconocida trastoca por completo la vida de San Cristóbal, una pequeña ciudad tropical encajonada entre la selva y el río. Veinte años después, uno de sus protagonistas redacta esta República luminosa, una crónica tejida de hechos, pruebas y rumores sobre cómo la ciudad se vio obligada a reformular no solo su idea del orden y la violencia sino hasta la misma civilización durante aquel año y medio en que, hasta su muerte, los niños tomaron la ciudad. Tensa y angustiosa, con la nitidez del Conrad de El corazón de las tinieblas, Barba suma aquí, a su habitual audacia narrativa y su talento para las situaciones ambiguas, la dimensión de una fábula metafísica y oscura que tiene el aliento de los grandes relatos.

«Para mí Barba se ha vuelto un escritor imprescindible» (Rafael Chirbes).

«Un nuevo grande de España, eso es todo» (Lire).

«Barba ha entendido perfectamente la agresividad que a veces define nuestros encuentros románticos y la limpidez de su prosa es el vehículo perfecto» (The Times Literary Supplement).

«Hacía tiempo que un escritor no me impresionaba tanto, no ya por la lección moral que encierran los textos sino por su capacidad para tocar el corazón de la experiencia» (José María Pozuelo Yvancos, ABC Cultural).

«Barba es capaz de reproducir los pensamientos infantiles con una exactitud tan inquietante que casi roza lo siniestro» (Sarah Perry, The Guardian).

«Barba es el antídoto más eficaz contra nuestra reverencia social ante el mito de la inocencia y la pureza infantiles» (Lucy Scholes, Financial Times).

«Una rara inteligencia metafísica a la vez precisa y extravagante, suavizada por una refinada ternura humana» (Eileen Battersby, The Irish Times).

«De cuando en cuando aparece un escritor que no se limita a registrar las cosas sino que crea una nueva realidad capaz de arrojar luz sobre nuestros sentimientos más oscuros. Kafka lo hizo. Bruno Schultz lo hizo. Y ahora también Andrés Barba» (Edmund White).

 

La extinción de las especies, Diego Vecchio

Gracias al legado de Sir James Smithson, Zacharias Spears funda en Washington D. C. un museo destinado a albergar las colecciones de especímenes recolectados en las expediciones de exploración del Oeste, amenazados por el apetito sacrílego de las polillas. El sueño de Mr. Spears es poner al alcance de todos la posibilidad de viajar hasta espacios y épocas remotas, recorriendo por dos centavos y en cuarenta minutos aquello que se halla separado por miles de millas y millones de años. El sueño, parece ser, se hace realidad. Al museo afluyen multitudes con sed de fósiles y medusas flotando en una solución de formol al diez por ciento.

Pero los museos, como la literatura, son criaturas caníbales, dispuestas a engullir piedras, plantas, pelícanos embalsamados, monedas, fetiches, cabelleras escalpadas, obras de arte, reptiles voladores o nadadores, ahogados o desplumados en el Cretácico antes de devorarse unos a otros. Con una pizca de ingenio, una buena iluminación y un cuidador que vigile que nadie toque nada, cualquier partícula del mundo puede ser expuesta en una vitrina o colgada en una pared.

La extinción de las especies es una historia natural de los museos, que nacen, se expanden, se agotan y se derrumban para atesorar aquello que fue, que ya no es, ni volverá a ser, pero que se obstina en persistir. Es, también, una historia alternativa y estrafalaria sobre la fe en el progreso, el ansia de descubrimiento, la pulsión taxonómica, la manía de coleccionar y restaurar. Es, en fin, una novela coral y singular, impecable y deliciosa; es una novela inextinguible.

«Un sentido del humor que rinde merecido homenaje a lo mejor del surrealismo y de la literatura fantástica» (Susana Rosaro, Clarín).

«Diego Vecchio ha venido construyendo una obra de sutilezas humorísticas, que solo parece ser concebida lejos del ruido de la capilla porteña. Su solvencia está en el trabajo con una lengua literaria que a cada línea parece decirnos: pura confianza en las posibilidades que la literatura articula. Y que abreva en la literatura misma. Eso que en la narrativa actual parece utopía» (Juan Fernando García, Perfil).

«Funda un mundo que no se parece a ningún otro. En el caso de Vecchio, el escritor se convierte en una especie de taumaturgo» (José Castello, O Globo).

«Una erudición humorística y una imaginación tan fantasiosa como rigurosa» (Mathieu Lindon, Libération).


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